Habitamos un mundo extraño. Muy
extraño. Hace unos años, el Partido Socialista Obrero Español (más lo último
que lo del medio), firmó a espaldas de los ciudadanos una cláusula
constitucional un tanto polémica. Así, sin consultar ni nada. Zas. Artículo 135
de la Constitución; y más sin ser necesario. La Directiva correspondiente
únicamente obligaba a ajustar la legalidad española, no decía cómo. Pero suponían
que la Constitución era lo más apropiado para dar seguridad a la Unión.
Suponían.
Hace escasas semanas, días quizá, el
representante del partido de izquierdas, a la izquierda de la más izquierda,
trataba de tapar por todos los medios a su segundo de a bordo. Y a su tercero,
y a su cuarto. Y a todo aquel que le pueda hacer la mínima sombra. Un
comportamiento un poco… autoritario para lo que la izquierda democrática y
social acostumbra.
Pero el colofón de lo absurdo ha
sido el giro de 180º en política del Partido Popular. Han abandonado la
libertad de mercado. Han abandonado el liberalismo económico para pasar al
comunismo más cerrado y voraz, a la política soviética. Ahora se dedican a
nacionalizar empresas privadas. Una pena que, en lugar de nacionalizar las
eléctricas, nacionalicen las autopistas, abocadas al más absoluto fracaso y
donde lo único que probablemente nos repartamos, sea basura. Pero lo más
indignante es que voy a hacer una apuesta, y es muy probable que la gane. Si,
en algún momento, esas autopistas vuelven a generar beneficio –suponiendo que
lo hayan generado algún día-, este ya no será para el contribuyente. Será para
el amigo al que se lo adjudiquen legalmente.
Habitamos un mundo extraño, donde la
izquierda es la derecha más retrógrada, el centro izquierda el absolutismo ilustrado
de hace un porrón de siglos, y la derecha el brazo ejecutor comunista de sus
intereses. Vaya país difícil.
Publicado para El Deporte Conquense el 14/12/2016
