miércoles, 30 de mayo de 2018

Poca poesía aquí


            Siempre he tenido gran conciencia animalista en mi vida, solo que antes de tener animales de compañía (compañeros), solo podía imaginar qué se sentía. Ahora sé qué se siente; tengo un perro y un gato –que se llevan como tal, sea dicho-, y no me imagino mi vida sin ellos. No la concibo igual de feliz. Me levanto antes para darles de desayunar y me acuesto más tarde para darles de cenar; al perro hay que sacarlo para que desfogue y al gato hay que aguantarle unos maullidos exagerados, limpiar lo que rompan –o expulsen, claro-… pero no me imagino sin ellos. Y os cuento esto porque este fin de semana, en Huete con una amiga, me contaba la gente de allí que los gitanos maltratan sin piedad a los galgos. No les dan de comer, los marcan, los ahorcan o incluso los queman. Poca poesía aquí.
            No, no voy a cargar contra la etnia gitana, porque anda que no hay payos que serán igual de hijos de puta. Eso sí, igual de hijos de puta todos. Solo voy a distinguir a los que hacen cosas propias de un ángel caído, de los que no. Creo que quien respeta a un animal –te gusten o no- puede llegar a ser buena persona. Hitler amaba a los animales… así que puede llegar a serlo, pero no es una regla de tres perfecta. No obstante, si maltratas a un animal con la violencia con la que me la describieron a mí, no hay más vuelta de hoja: eres escoria. Un esqueleto cubierto de trozos de piel y relleno de la porquería más mal oliente del mundo. Un vestigio de maldad, una parcela del infierno. Un saco de mierda bautizado. Un nacer de morros contra el suelo. Poca poesía.

Artículo para El Deporte Conquense el 30 de mayo de 2018

miércoles, 16 de mayo de 2018

Machistas tontos y ciegos


            Me he cansado de que al debatir sobre el tema de “La Manada” (o similares) me llamen bestia. Me he cansado de que nos introduzcan a todos (se habla de “los hombres”, no de “los violadores”) en un saco, al que en realidad, corresponde un porcentaje infinitesimal de los hombres. Me he cansado de que, caminando por la noche, las chicas que me cruzo me miren con ojos de “no me hagas nada por favor”. Y de eso no tiene la culpa la televisión, la tiene la sociedad, que es tonta del culo por creérsela. ¿O me trago a palo seco que todas las que salieron a la calle el mismo día que se hizo pública la Sentencia de “la Manada” se la leyeron antes? De verdad, acaso alguien se cree que esos gilipollas (gilipollas lo son seguro; delincuentes no lo tengo tan claro), ¿llevarían a una chica con la que ligan (entre los cinco, o uno solo de ellos, me da igual) a realizar prácticas sexuales debajo de una farola? ¿Acaso buscar un sitio íntimo los hace peores? Yo, a día de hoy, no he mantenido relaciones sexuales a plena luz del día y en mitad de la calle. Entre otras cosas, por un tema de orden público. Pero la máquina del Fango de Umberto Eco no descansa... y nosotros caemos porque somos unos ignorantes. O acaso es que una chica no puede tener la fantasía sexual de acostarse con cinco hombres… No, desde luego que no, eso es una aberración, las mujeres son siempre castas y puras y no pueden tener fuegos internos.
            Da igual lo que diga. Los medios lo han dicho todo y poseen la verdad absoluta. Se la llevaron a un sitio oscuro, la forzaron entre cinco, ahogaron sus gritos de socorro, y la hundieron en la mayor humillación existente. Pero nadie, nadie de los que ponen “qué vergüenza” en Facebook, o los que piden la cabeza de los Jueces (¡Dios bendito!) se ha leído los Hechos Probados de la Sentencia, porque entonces, y si saben leer –no apuesto por nadie- se verían en la obligación de reconocer que 9 años de condena son más que ejemplares; son casi injustos. Porque por supuesto que no se demuestra la violación, si no que apenas se dilucida el abuso. Y da igual, porque quien lea este artículo me llamará monstruo, y me veré obligado a vivir en una sociedad machista, donde una chica “no puede querer acostarse con cinco a la vez”, porque no es decoroso –lo hace un hombre y es un puto rey-; completamente ignorante, porque repito: nadie de los que ponen a parir el mundo se ha leído la sentencia, y de leerla no la habrían entendido; y ciega, porque nos basta con lo que vemos en “Antena3”.

Artículo para El Deporte Conquense, el 16 de mayo de 2018