miércoles, 29 de marzo de 2017

Justicia cósmica

            Cuando te sientas delante del televisor a las tantas de la noche agotado tras un día de trabajo, lo último que quieres es pensar (si no, no verías la televisión, y estudiarías filosofía, o física cuántica, qué sé yo). No obstante, algunos programas, por malos, te obligan. Y ayer, el programa de “desokupados” en “Cuatro” lo consiguió. Y no es que sea tan profundo que necesites tomar notas de lo que ocurre, si no que debes de ser muy simple para no ver por dónde te quieren llevar, qué opinión te quieren generar. De hecho, hablo por hablar, porque en votación democrática en la República de mi Casa, se decidió quitarlo.

            Lo cierto es que vi el primer caso, donde una mujer habitaba con su hija una propiedad (un chalet de puta madre) que, según dice más o menos, “era de mi padre y ahora es de la inmobiliaria, pero de aquí no me echan sin sentencia judicial”. Y si nos paramos a pensar, el racimo de opciones que surgen de esas palabras son infinitas. Quizá, se llevara mal con su padre y no se lo dejara en herencia porque no lo cuidó cuando él más lo necesitaba. Quizá se lo dejó en herencia a la inmobiliaria porque tenía un conocido muy querido ahí. Quizá ni si quiera fuera de su padre, o quizá se lo comprara la inmobiliaria. O quizá… Y así, ad infinitum. Total, que gracias a su colaboración, mi familia y yo encendimos de nuevo los motores cerebrales, engrasamos el rotor neuronal, y nos pusimos a dar vueltas a la cabeza (no literalmente) sobre las posibilidades que existían en relación a la propiedad, al padre, la hija, la inmobiliaria y el color de las nubes. Terminamos por hacer un acto de justicia cósmica: apagamos el televisor y nos fuimos a la cama con un libro.


Para El Deporte Conquense el 29/03/2017

martes, 21 de marzo de 2017

Desinformación euro-internacional

            Estamos asistiendo a algunos de los hechos internacionales y europeos más importantes en décadas, y creo que la información que tenemos sobre ello no es suficiente. No es proporcional a la importancia de tales acontecimientos. Es cierto que El País o El Mundo publican asiduamente sobre las elecciones en Holanda y Francia; pero poca gente sabe qué significaría la llegada al poder de Geert Wilders al gobierno holandés, o de Le Pen en Francia, por ejemplo. Lo del “Brexit” proviene de “Great Britain” + “exit”; y tras su victoria, apareció otro fantasma liderado por Wilders: el “Nexit” (Netherlands + exit). Y debemos de dar gracias a que los holandeses han tenido más dedos de frente que los ingleses, porque la salida de la Unión Europea de Gran Bretaña primero, y la de Holanda después, habría supuesto una desestructuración política, económica y social en Europa desproporcionada. Pero igual pasa con Le Pen; que Francia salga de la Unión puede ser determinante para el futuro.

            Podemos estar de acuerdo en que en Europa hay un montón de cosas por mejorar. Dependencia económica, engrosamiento de costes, poca democracia interna, poca participación ciudadana (aunque algunas de las cosas por mejorar, son cosa nuestra, del ciudadano de a pie y su desinterés…), etc. No obstante, considero un éxito rotundo que, en un continente donde el factor común ha sido darse tiros desde los principios de la historia, llevemos cincuenta años sin matarnos entre nosotros. Que no haya un conflicto bélico entre Francia y Alemania… creo que no somos conscientes de lo que supone; hecho, repito, que se ha sucedido a lo largo de la historia desde la caída de Roma.


Para El Diario Conquense, 21/03/2017 

miércoles, 15 de marzo de 2017

Con la religión hemos topado

            Tal día como ayer, escuché en un noticiero de la televisión española, al cual no voy a dar publicidad, que una Sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos permitía a las empresas privadas despedir a sujetos por “motivos religiosos”. Este era el titular, letra Arial 20 y negrita. Más abajo, en Arial 11, explicaban que la sentencia venía a decir algo así como que, si en los estatutos de la empresa se prohibía la exhibición de símbolos religiosos, no se consideraría discriminatorio su despido. Y finalmente y de carrerilla, lo decía la presentadora, que lo dejaba caer con un retintín de que el Tribunal daba una de cal y otra de arena. Que era solo un poco fascista.

            Y a mí se me vino a la cabeza mi escuela. Más concretamente, la pared donde lucía una pizarra verde de dimensiones desproporcionadas. En esa pared, había también una cruz. Cruz que, por otro lado, un ciudadano de un país europeo criticaba porque no debían exhibirse en lugares públicos símbolos religiosos que pudieran ofender a su religión. Y se le dio la razón. ¿Qué pasa? ¿Ahora van a tener mayor protección los religiosos musulmanes que los cristianos? Me espanta una escuela donde las paredes luzcan cruces y las profesoras hiyab. España, como país aconfesional que su Constitución promulga, no puede permitirse que las religiones se impongan en la vida pública. Si quieres creer en un Dios, el Estado deberá proteger tu derecho de libertad religiosa. Ahora, como dice el famoso refrán español, cada uno en su casa (pero no Dios en la de todos).


Para El Diario Conquense el 15/03/2017

martes, 7 de marzo de 2017

País de rebien

            De un tiempo a esta parte hemos visto tres ejemplos de orden y de buen hacer en España. El primero fue la encarcelación en prisión preventiva de “los titiriteros”, malnaciados terroristas que cuando se les contrató no advirtieron de su carácter violento. El segundo fue “el autobús”, cuando unos cuántos locos decidieron llevar el mensaje por España de que los transexuales son los hijos del mal, defendiendo su necesaria eutanasia preventiva y proclamando su radicalización con mensajes como “muerte a la transexualidad”, o “lo dicho serafín, aquí está vuestro fin”. Por último, el denigrante y vergonzoso carnaval de Las Palmas. Esa lasciva festividad donde la Gala Drag Queen premió (y cito textualmente el titular de la noticia del periódico ABC de 5 de marzo) “a la “blasfema” Sethlas”. Denigrante que, para un país de bien como este, no se puede consentir un espectáculo en una festividad determinada para que se satirice así a lo más grande del Reino.

            Y es que estos radicales a la izquierda y derecha del centro político no entienden que lo mejor es estar callados. Que hay que ser objetivos al extremo. No entienden que lo que uno opina, al otro le jode, y que en lugar de opinar lo contrario, se va corriendo al Juzgado como alma que lleva el diablo. Que lo más ético es que ninguna festividad, representación u opinión, despierten las necesidades de justicia del león hambriento. Que somos lo que comemos, y la libertad de expresión (en cualquiera de sus formas o manifestaciones) son esas espinacas que al final te dejas en el plato.


Para El Diario Conquense, el 07/03/2017

jueves, 2 de marzo de 2017

Autobuses ilegales

            Un amigo mío el otro día me corrigió en una conversación cuando le dije que François Marie Arouet (más conocido como Voltaire), pronunció, en algún momento de su vida, una máxima que hoy día trato como pilar en mi vida: “Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”. Un Derecho Fundamental como la libertad de expresión, en una sola frase; y qué frase. Bueno, pues imagínense mi cara de decepción cuando, tras años atribuyendo esa frase  a un escritor, historiador, abogado, etc, de la talla de uno de los grandes de la historia, resulta que no. Que la frase es únicamente de una biógrafa que relató su vida, y que esa frase era lo que mejor le representaba. La susodicha se llama Evelyn Beatrice Hall, quien publicó en 1906 la biografía de Voltaire con el nombre “Los amigos de Voltarie” (y bajo el pseudónimo, claro, de Stephen G. Tallentyre).

            Pues más o menos la misma decepción me llevé cuando apareció lo del autobús de “los niños tienen pito” por Madrid. A pesar de lo detestables que puedan ser sus ideas (con las que jamás estaré de acuerdo, dicho sea de paso), me parece un dislate que se haya paralizado y que se trate de enjuiciar por un “delito de odio”. ¿Odio de qué? ¿Qué odio suponen tres frases en un autobús? Si esas tres frases versaran: “Muerte a la transexualidad”, entendido, a Juicio. Pero, ¿por eso?  No solo me parece un dislate, me parece aberrante, preocupante hasta cotas insospechadas. Que el Estado empiece a tener ciertos tiznes morales quizá sea lo peor que nos pueda pasar. ¿Y si hubiera sido al revés? ¿Y si el autobús que se hubiera paralizado en pleno Madrid fuera uno pro-LGTB? ¿Entonces el Estado sería un fascista opresor? En mi opinión, y por ello así se clasifica en este periódico, es indignante que se detenga un autobús que trata de defender unas ideas legítimas (y sobre todo) no ofensivas por el territorio nacional. Que estemos más o menos de acuerdo con ellas, es una cosa; que haya que paralizarlo, es una aberración cometida por un Estado de Derecho que, cada vez es menos de Derecho, y más de corrientes de opinión; corrientes que, sin duda, se deben quedar aquí, en los periódicos, en los bares, en las calles, no en los Tribunales ni en los Parlamentos.

Para El Diario Conquense, el 02/03/2017