viernes, 24 de noviembre de 2017

#UCLMImprescindible

            Si no recuerdo mal, el año pasado o como mucho el anterior, la comunidad universitaria amaneció con el hagstag #UCLMImprescindible. Una frase que, lejos de reivindicativa, dice una verdad como un templo: la educación es imprescindible, y por ende, la Universidad también. No hay nada que objetar. No recuerdo manifestaciones, quejas institucionales, ni al Rector todos los días en los medios regionales pidiendo cuartos al Gobierno.
            Claro, no hubo nada de esto, porque no era un lema reivindicativo ni agresivo. Era un lema publicitario de la Universidad. Punto. Y ahora, la Institución académica lo está vendiendo como si fuese el lema reivindicativo que se utilizó durante el Gobierno de Cospedal. Y no, no es verdad. Durante el Gobierno de Cospedal, el Rector que hoy se queja de que 140 millones de euros son pocos para la Universidad, agradecía a la Dama manchega el esfuerzo del gobierno regional por sostener esta nuestra casa con la friolera de 35 millones y pico menos (entre 105,7 y 120 durante su Gobierno). Pero ahora va a haber que hacer recortes. Va a haber que echar a gente. Estos 140 millones nada tienen que ver con los 165 del año 2010. Y a hacer ruido. Ahora sí, #UCLMAmenazada.

            No voy a entrar a valorar si 140 millones de euros son pocos o muchos (solo sé que cuanto más se invierta en educación, y mejor lo gestionen sus instituciones –cosa que dudo, por otro lado-, mejor para el desarrollo de la región). Solo voy a decir, y así estoy convencido, que el #UCLMAmenazada más que una campaña por tratar de mejorar la educación en esta nuestra Comunidad, es una campaña política contra un partido determinado. Es decir, a día de hoy, una Institución educativa está trabajando por generar un rédito político, en lugar de trabajar por treinta y pico mil alumnos  inscritos en sus listas. Cuanto menos, está feo. Muy feo.


Artículo para El Deporte Conquense, el 24 de noviembre de 2017

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Estereotipos

Tras décadas observándonos, es normal que los alienígenas tengan un juicio hecho sobre nosotros. Prejuicio tal vez, porque no nos hemos tomado un café con ellos (aunque en mi opinión, uno se define por sus actos cuando cree que nadie lo mira). Lo que es seguro, es que estarían alucinados, y ahora que se cumplen 15 años de la catástrofe del Prestige, sería buen momento para que vinieran a decirnos qué opinan de nuestra forma de ser. Yo creo que dirían dos cosas. Primero, se preguntarían cómo se mantienen en los círculos de poder los que han demostrado en tan numerosas ocasiones una ineptitud congénita para la política.
Después, creo que dirían que somos gente muy diversa. Demasiado quizá. Que mientras los catalanes (perdón: sus gobernadores) se quejan porque pagan una miseria porcentual más que el resto de las regiones españolas, los gallegos (no sus gobernantes: los gallegos, y el resto de voluntariado nacional) limpian lodo con sus propias manos, con sudor y esfuerzo, y apagan fuegos a pisotones si es necesario. Y encima se preguntarían por qué narices somos tan permisivos con los primeros y tan estrictos con los segundos, así como con el resto de regiones cuyos gobernantes no tienen ínfulas megalomaníacas. O por qué dejamos que cada diez años los primeros se levanten pidiendo reconocer sus hechos diferenciales (es decir, que el resto reconozcamos que son mejores; porque temas como el idioma, el derecho civil, o el Estatuto, ya no son excusa) y los segundos siguen sudando por hacer de su tierra una tierra más fértil. O quizá, lo que opinan de nosotros son meros estereotipos.


Artículo publicado para El Deporte Conquense, el 15 de noviembre de 2017

martes, 7 de noviembre de 2017

Izquierda absurda

              Es muy difícil ser cuerdo, fundamentalmente porque es más fácil hacerse el loco. Era evidente que la Justicia belga no iba a condenar a prisión provisional a Carles Puigdemont; de lo contrario, sí que sería un régimen autoritario, pero de los de verdad. ¿Por qué lo iba a encarcelar? Se ha presentado voluntariamente en Bélgica, y voluntariamente ante la Justicia, les ha echado flores en todos los medios de comunicación, ha sido colaborador en su defensa y en su acusación, y desde Bélgica parece imposible la destrucción de unas pruebas que, en todo caso, se encontrarían en Cataluña. Prácticamente igual que Santi Vila en España, el ex conseller iluminado que “el Estado salva para que retome la situación en Cataluña”. Recuerdo que, si Rajoy fuera tan listo, no hubiera perdido tres elecciones seguidas.
            Pero la izquierda absurda (no radical, porque lo que aquí presento es una idea absurda, no radical) defenderá a capa y espada lo que el independentismo está defendiendo a capa y espada: que los ex consellers en España están en la cárcel, y Puigdemont en Bélgica está de café, porque España es una dictadura y Bélgica es una democracia avanzada. Y todos ven eso, lo que envuelve el regalo. Pero nadie ve que, en el fondo, cada uno tiene lo que se merece. Que Junqueras, como el resto de ex consellers de la Generalitat (excepto Santi Vila, que hizo lo que el resto debería de haber hecho), está en prisión porque no respondió al Ministerio Fiscal, ni al Juez, ni apenas a su abogado defensor; no juró la Constitución y no prometió no volver a delinquir.
            Por supuesto, el otro gran discurso es que ay, si se hubieran dado tanta prisa para la Gürtel y los Bárcenas. Seguramente, si se hubieran dado tanta prisa, la hubieran cagado en la captación de pruebas (además bien cagado), y ahora no se podría acusar a ninguno de los culpables. Porque hay que entender que es más fácil encausar a 10 o 15 tipos (sin muchas luces por lo que demuestran) por la comisión de varios delitos públicos a los que, además, se les han dado publicidad desde todas las instituciones catalanas; que desgranar toda una torre de corruptelas durante décadas donde participaban miles de personas, se beneficiaban otras miles, y pudrían paulatina pero ininterrumpidamente un partido político. Eso, para hacerlo bien, lleva su tiempo. Aunque nos moleste.
            Es normal que los políticos intenten engañar a la gente. “Somos presos políticos”, “estamos aquí injustificadamente”. Lo que no entiendo es cómo la gente se ha dejado engañar durante tanto tiempo, tan profundamente. Cómo ahora hay gente que defiende que en España hay que tener una República Federal a la alemana, ¡lo que yo defiendo sobre todas las cosas¡ Pero, sucede que a veces, la gente no sabe lo que dice. Sucede, que eso implicaría que por fin, Extremadura o Castilla–la Mancha, y Cataluña o País Vasco, tendrían exactamente (repito: exactamente) los mismos derechos y obligaciones… Porque Bremen y Baviera tienen las mismas competencias, potestades de decisión, poder, etc; y el primero tiene 550.000 habitantes y el segundo casi 13 millones. ¿Admitirían eso los catalanes? ¿Y los vascos? Nos engañan a diario y nosotros no hacemos más que tragar información, sin ni si quiera consultar la fuente, la veracidad, o al menos la absurdez de lo que nos cuentan.
            Aunque el verdadero problema está en que cada vez es más acusada la brecha social que están creando. Cada vez se está poniendo más en duda el sistema judicial español; que sin ser el mejor del mundo –o sí, vaya usted a saber- es un sistema judicial ecuánime y objetivo. Cada vez se están cargando más y más un país a causa de su xenofobia. Y esa xenofobia asquerosa, rancia y sin fundamento, se la están pegando al resto de la nación, sin que ni si quiera lo sepan.


Artículo para El Deporte Conquense, publicado el 8 de noviembre de 2017

jueves, 2 de noviembre de 2017

La tiranía de los muertos

            Creemos que no, pero en verdad el catalanismo ha ganado una batalla muy importante; tan grande, que puede declinar la balanza de la guerra entera (haciendo una analogía, por desgracia, cada vez menos esperpéntica). Cada vez que sale un policía zurrando a un pobre manifestante, hemos perdido una batalla. Cada vez que sale Junqueras, Rufián o Puigdemont (de quienes me guardo mi opinión personal) diciendo que el poble de Cataluña está siendo constantemente atacado, que su autogobierno está amenazado, y que el Tribunal Constitucional no hace más que putearles, hemos perdido otra batalla. Cada vez que salen diciendo que la Constitución está votada por muertos que ya nada tienen que ver en el siglo XXI, hemos perdido una batalla.
            Y hemos perdido una batalla porque, además de que –parte de- su poble se lo cree sin rechistar, y asiente como oveja que va al acantilado, nosotros callamos y somos cómplices de sus mentiras. Y somos cómplices por no poner una foto de qué estaba haciendo el manifestante independentista antes de ser tomada la foto donde se le zurra (quiero recordar las cargas policiales en las manifestaciones por la sanidad y la educación; cargas infinitamente más “violentas”). Somos cómplices por no advertirles a Rufián, Puigdemont y compañía que no han acatado ni una sola de las resoluciones del Tribunal, salvo la STC 42/2014 que resolvía favorablemente para el Parlament sobre la Resolución del Parlamento de Cataluña 5/X, de 23 de enero de 2013, donde se aprueba la Declaración de soberanía y el derecho a decidir del pueblo de Cataluña. No, no reconoce el derecho a decidir; reconoce que el Gobierno catalán pueda tener la pretensión de, por los cauces legales, ser un territorio independiente. Y somos cómplices, entre otra infinidad de cosas, por no recordarle al ignorante de Junqueras, que dice ser historiador, que el término “la tiranía de los muertos” no la acuñó Thomas Jefferson, si no James Madison (cuarto presidente de los Estados Unidos de América) y Alexander Hamilton (Secretario del primer presidente de EE.UU, George Washington) en “The Federalist Papers”. Y por supuesto, no decían que la Constitución hubiera que votarla cada 25 años. Exponían la imposibilidad de encontrar un modelo de Constitución perfecta, porque una muy rígida no se adaptaría a los tiempos, y una muy flexible estaría en constante cambio, y como norma fundamental no sería útil.

            Siento lo extenso que he sido esta semana, pero la pasada no escribí, así que tomen dos tazas. Siento también lo calenturiento de este artículo. Pero he decidido no ser otro imbécil que esté dispuesto a perder otra batalla, como tantas que hemos perdido, ni por supuesto a dejarme vencer a la primera.

Artículo para El Deporte Conquense, el 27 de octubre de 2017