miércoles, 31 de enero de 2018

Tiene nombre de Sabina

            A veces cuando estamos solos, es cuando vamos mejor acompañados. En mi caso, cuando me atrapa de cuando en cuando la soledad, tengo algunas de las más gratas compañías. En el coche atiendo a Carlos Alsina y Julia Otero o me río los sábados con Buenafuente y Berto. En las cafeterías me acompañan, siempre, Javier Marías, J.J. Millás o Manuel Vicent, y si me siento fuerte, me atrevo a saludar a Jordi Soler, Jabois o Rosa Montero. Siendo sinceros, en ocasiones les he sido infiel con algunos jovencitos cómo Neruda, Borges o Montero. Por no hablar de que en la cama, quien mejor me quita el sueño, son solazos de la talla de Dicker o de Verdon, o Marías de nuevo, o Cortázar o Reverte. O Suits, que me tiene enganchado, Friends, que es la serie de entre las series, o La que se avecina, que me evade de esta vida perra.

            Pero sucede que a veces, la soledad se torna caprichosa, y te pide que alimentes sus deseos. Y ahora mi soledad me recuerda las lágrimas de plástico azul, rodando por la escalera, y que si quiero vivir cien años, no debo probar los licores del placer. Me dice, a solas, que los pactos entre caballeros, se cumplen. Y que si alguien te roba el mes de abril, será mejor que veas al doctor y le pagues las facturas, no te vayan a generar falso contento. Sin ir más lejos, el otro día, el Maestro disfrazado de exploradora soledad me susurró al oído, camino a casa, –como verán, tiene nombre de Sabina- que hay mañanas que comprendes que a veces gana el que pierde a una mujer.


Artículo publicado en El Deporte Conquense el 31 de enero de 2018

miércoles, 17 de enero de 2018

Facebook

            Hasta hace escasos tres días, tenía cerca o más de 500 amigos en Facebook. Ya saben, gente que no saludan por la calle, que llevan años sin saber de ellos. Gente que si se ven en el supermercado, hacen como que no se conoce –mutuamente claro- y tratan de evitarse. Gente que se ha borrado la aplicación y sigue ahí, sumando un amigo más. Gente que, si es tu santo no lo sabe, si has ganado un premio a escritor del año tampoco, y no se enteran de si te has hecho de oro o si te ha reventado un autobús por la calle. Gente, al fin y al cabo. Aunque, para más ahínco todavía, he caído en la cuenta de que hay gente a la que quiero mucho, de la que me gustaría saber y con la que me rodearía a diario; o gente a la que sí saludo por la calle, a secas, y que no se encuentran en mis amistades de Facebook. Qué injusto.

            Hoy, tengo menos de 300, y sé que seguirán bajando. Sé que hay gente que permanece entre mis amistades por costumbre, pero no por haber un cariño mutuo, desde luego. Y no hablo de mejores amigos, claro, eso se cuenta con una mano. Pero qué necesidad. Así que caerán de mis redes, antes o después, como yo caí de sus vidas hace tanto tiempo.

Artículo para El Deporte Conquense, el 17 de enero de 2018

miércoles, 10 de enero de 2018

Nuevas causas

            A veces me sorprendo de la evolución de la sociedad, y no solo por la forma y por la rapidez de sus cambios, sino también por el contenido. Recuerdo leer que, a principios del siglo XX, las sufragistas británicas luchaban por el voto femenino en las elecciones. Más adelante, cuando la mujer se incorporó al mundo laboral, lo que el feminismo exigía era la equiparación salarial entre hombres y mujeres (cosa que a día de hoy no se ha conseguido, aunque hay países que avanzan más que otros en el tema; estricta actualidad). Pero además, una de las mayores exigencias femeninas siempre ha sido vestir como les viniera en gana. Con más ropa, con menos ropa… ¿Recuerdan el primer desnudo en España? ¿Y el “una de romanos”? No es historia… apenas llega a pasado.

            Y el otro día ponían a la señorita Pedroche a escurrir de un burro por llevar menos ropa de la “socialmente aceptada”, porque no ayudaba al movimiento feminista. No voy a valorar su vestimenta respecto de mis gustos personales –porque ni entiendo de moda, ni me importa un mojón-, pero que la gente sí lo haga, y la critique porque “eso no es feminismo”, “que hay que tener poca vergüenza”, o lo que le quieran decir, es un retraso social de dimensiones épicas. Indicador, digo, de que nuestra sociedad está más puesta en criticar a una persona por su vestido que por los novísimos juicios de los ERE y Gürtel, el “M.Rajoy”, las hipotecas trampa con intereses de tipo fijo (me enteré el otro día y me alucinó), Puigdemont y su escapada, quien sin ideología, patria ni amor propio quiere cualquier cosa menos entrar en la cárcel; o cualquier otra noticia que pueda afectar al bienestar social. Pero hay que poner a escurrir a la Pedroche, porque no ayuda a las causas feministas de esta nueva era, donde, de nuevo, se vuelve a imponer una moral en la vestimenta femenina, por las propias féminas.


Para El Deporte Conquense el 10 de enero de 2018