A veces me sorprendo de la evolución
de la sociedad, y no solo por la forma y por la rapidez de sus cambios, sino
también por el contenido. Recuerdo leer que, a principios del siglo XX, las
sufragistas británicas luchaban por el voto femenino en las elecciones. Más
adelante, cuando la mujer se incorporó al mundo laboral, lo que el feminismo
exigía era la equiparación salarial entre hombres y mujeres (cosa que a día de
hoy no se ha conseguido, aunque hay países que avanzan más que otros en el tema;
estricta actualidad). Pero además, una de las mayores exigencias femeninas
siempre ha sido vestir como les viniera en gana. Con más ropa, con menos ropa…
¿Recuerdan el primer desnudo en España? ¿Y el “una de romanos”? No es historia…
apenas llega a pasado.
Y el otro día ponían a la señorita
Pedroche a escurrir de un burro por llevar menos ropa de la “socialmente
aceptada”, porque no ayudaba al movimiento feminista. No voy a valorar su
vestimenta respecto de mis gustos personales –porque ni entiendo de moda, ni me
importa un mojón-, pero que la gente
sí lo haga, y la critique porque “eso no es feminismo”, “que hay que tener poca
vergüenza”, o lo que le quieran decir, es un retraso social de dimensiones
épicas. Indicador, digo, de que nuestra sociedad está más puesta en criticar a
una persona por su vestido que por los novísimos juicios de los ERE y Gürtel,
el “M.Rajoy”, las hipotecas trampa con intereses de tipo fijo (me enteré el
otro día y me alucinó), Puigdemont y su escapada, quien sin ideología, patria
ni amor propio quiere cualquier cosa menos entrar en la cárcel; o cualquier
otra noticia que pueda afectar al bienestar social. Pero hay que poner a
escurrir a la Pedroche, porque no ayuda a las causas feministas de esta nueva
era, donde, de nuevo, se vuelve a imponer una moral en la vestimenta femenina,
por las propias féminas.
Para El Deporte Conquense el 10 de enero de 2018
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