miércoles, 11 de octubre de 2017

No más fronteras


            Desde que empezó toda esta locura en el nordeste español, siempre he dicho que Josep Borrell es el tío más lúcido en el asunto catalán de todos cuantos he escuchado. Sin duda. De hecho, lo que advirtió que sería la declaración del 10 de octubre (y como siempre acertó), fue: “lo suficiente para acabar con la tragedia, y lo necesario para continuar con la comedia”. Más razón que un santo, porque no se atreven a arriesgarse a acabar veinte años en la cárcel por sedición como Companys (la República lo encerró por sedición hace 83 años, pero, quien se lo cargó hace 77 años, fue el enano bigotudo), pero quieren seguir por estos derroteros que les dan tanto rédito político, prestigio social, un lema romántico por la independencia, etc.

            Ahora dice que, después del brindis al sol de Puigdemont, no hay que quebrarse la cabeza y no hay que aplicar el artículo 155, porque ayer los independentistas estaban rotos. Pero si lo aplicamos mañana, reunificarán y ampliarán ese sentimiento de agravio absurdo que han conseguido hacer florecer en la sociedad. Así que voy a ser dócil y voy a aconsejar sus palabras: no al artículo 155, de momento. Ellos tienen el mismo lema de siempre, pero con menos ilusión: la independencia. Nosotros tenemos uno más fuerte, nuevo y cada vez más boyante: no más fronteras.


Artículo para El Deporte Conquense, el 11 de octubre de 2017

miércoles, 4 de octubre de 2017

Torpeza


            No nos dimos cuenta de las provocaciones, y caímos como tontos. El niño que le dice a un amigo “no hay huevos”, y saltamos por la ventana. Por torpes. El presidente catalán nos echó un pulsó, que iba a hacer un referéndum, que iba a hacer un referéndum, y en a ver quien mandaba más, Rajoy decía que no y que no. Y a palos. Pero cada vez estoy más convencido de que eso es precisamente lo que quería. El mismo 1 de octubre a las diez de la noche, no estaba dolido, ni molesto, ni ofendido. Estaba feliz. Y feliz, afirmaba, “nos hemos ganado el derecho a decidir sobre nuestro futuro”. Rajoy, has picado.

            ¿Qué tan difícil era ignorar sus amenazas como si, sencillamente, no existieran? Pero teníamos que demostrar “quién manda aquí”. Yo no era muy consciente de qué había que hacer, lo reconozco, pero por eso precisamente no soy el Presidente del Gobierno español. Creo que, este al que cito, debería haber jugado más al Risk de joven y haber tenido una estrategia un poco más inteligente. Ya no hay marcha atrás. La sociedad catalana está rota, y rota se mantendrá si no estalla antes. En mi opinión, ahora solo hay un camino: el referéndum pactado; y hacer toda la campaña posible por el “no”. Tal vez me equivoque, no soy político, pero no encuentro más soluciones después de lo torpes que hemos sido. En fin… la torpeza humana desde luego, no solo llega a límites insospechados, si no que te la encuentras donde menos te la esperas.


Artículo para El Deporte Conquese, el 4 de octubre de 2017

De mentiras y de imbéciles


            Llevamos tiempo cabalgando en un caballo peligroso, manteniendo un pulso con nuestro otro brazo. El gobierno catalán, brazo derecho, está intentando tumbar al resto de España, brazo izquierdo, por ganar una competición absurda. Y con él está arrastrando a cerca de siete millones de catalanes. Están convenciéndoles de que a la Unión Europea les parece fenómeno que se independicen por las bravas, sin orden ni concierto, sin ley ni juez. Convenciéndoles de que tendrán no sé cuántos millones más de beneficio automático, de que las estructuras de Estado les costarán una miseria, y de que podrán tener hasta tres nacionalidades (catalana, española y europea). Y la escisión de dos territorios no es precisamente así. Es algo bastante más traumático; más si cabe, si partimos del egoísmo de una región. La insolidaridad de la región rica con la región pobre (y si no, no se entiende el cuento de “vamos a tener dieciséis mil millones más al día siguiente”).

            El primer apartado es, ¿y si negociamos el referéndum? Hecho, hacemos un referéndum legal. La primera opción es que salga el no en dicho referéndum, en cuyo caso, ¿cuánto tiempo tardarán en volver a convocar otro? ¿tres, cinco, siete años? Porque por supuesto, el agravio será constante en el tiempo, e imperdonable para un sentimiento catalanista que, vote lo que vote, lo que quiere su gobierno es quedarse en España pero con la ostia de beneficios (un concierto fiscal, una reestructuración de la deuda… cosas que facilitan a uno mucho la vida). La segunda opción es que gane el referéndum. ¿Y después qué? No creo que España se digne a negociar condiciones magníficas para el territorio que se va. Ni si quiera Europa, que bien seguro estoy, va a querer dar ejemplo de que Europa es otra cosa (y no una consulta  unos pocos), para que ningún territorio más intente separarse de un Estado. Los catalanes se verán solos, tirados en un mundo tremendamente globalizado, donde el 70% de sus exportaciones son a un país donde ya no van a exportar (fundamentalmente Aragón, España) y el 60% de sus importaciones, igual. En realidad, claro que tendríamos que negociar la salida de Cataluña, pero su deuda con España es importante, y en las relaciones de fuerza y de poder en que se resume la política, no creo que Cataluña, como estado de reciente creación, tenga demasiada fuerza y excesivo poder como para poder sentarse a exigir cosas. Ni que tenga reservas como para saldar deudas.

            No es ni malo ni bueno que un territorio quiera separarse de otro proclamando la independencia. Lo terrible de todo esto, es que no saben a qué se enfrentan. No se va a mantener todo como hasta ahora, pero con no sé cuántos millones más. No. Porque la inaplicación de los tratados europeos, las rupturas comerciales con España y con los Estados Miembros de la Unión, y el detrimento de las relaciones políticas con un estado no miembro, son hechos en la realidad europea. Y cuando hayan devaluado su moneda (porque el euro no tendrá valor allí; podrán usarlo, pero como si yo hago que valga en mi familia el billete de monopoli como medio de pago de las transacciones) hasta mínimos históricos e insoportables, ¿quién los rescatará? Para entonces, nos habremos ahogado nosotros solos. Y los que gritaban en las plazas catalanas consignas y eslóganes, sin pararse a pensar qué decían, se arrepentirán. Y los que gritaban en las plazas madrileñas por su derecho a ser extranjeros, verán el profundo ridículo que hicieron en su día. Pero ya no habrá marcha atrás, y habremos ejercido el Derecho a Decidir. Derecho cuya definición es que, un territorio, independientemente de lo pequeño o grande que sea, decide sobre la modificación de las estructuras, límites, organización y dirección de un Estado entero, sin que el resto del Estado pueda tan si quiera opinar. Y de verdad, eso no es más democracia. Con Franco también se votaba.


Artículo para El Deporte Conquense, publicado el 27 de septiembre de 2017