martes, 28 de febrero de 2017

Legítimas pretensiones

            Todos los seres humanos de este planeta quieren conseguir lo que desean. Esto es normal. La ambición y el ser humano son conceptos relacionados y correlativos, si me apuras inseparables. La diferencia es el comportamiento de los seres humanos en las distintas edades que pasan entre la infancia y la vejez, en un contexto social u otro, en un término geográfico determinado u otro, etc. Por ejemplo, he visto a ancianos preguntándoles a sus cuidadores que cuánto les quedaba de paseo. La pregunta “¿cuánto nos queda de paseo, bonita?”, no implica un deseo por saber cuánto queda de paseo, eso les da igual. Lo que quieren es llegar a casa, sentarse en su sillón favorito, donde se sientan desde hace décadas, y mientras tanto escuchar tranquilamente la radio o a ver la televisión. También hay niños, de entre 5 y 9 años, que le dicen a sus padres: “o me compras estas chuches o no voy a estudiar cuando llegue a casa”. Saben que van a estudiar. Saben que sus padres les van a obligar y que no va a tener más remedio, por mucha amenaza insuperable que sus labios emitan. Pero quiere esas chuches, a toda costa, y dado que sus padres, de primera mano y sin ningún pretexto, no se las van a comprar, acuden al chantaje infantil como medio para conseguir sus legítimas pretensiones.

            Que esta actitud la tenga un niño de entre 5 y 9 años, me parece normal. Evidentemente es un comportamiento que hay que corregir y pulir con el paso del tiempo, pero en ese contexto determinado es aceptable. Lo preocupante es que este es el comportamiento que mostró un señor de 47 años, representante político, con familia y con estudios universitarios. Eso sí que es quizá preocupante. Porque cuando Francesc Homs sale en los medios de comunicación diciendo (no cito textualmente, porque no me acuerdo, pero algo así como) “si me condenan, se acabará el estado democrático en España”; “si soy condenado, España va a perder todo lo que tenía, porque estará demostrando lo sucio que está el sistema”, no es que piense que el Estado español va a morir de un infarto por su condena. No cree que la democracia se parta en seis trozos porque él acabe con una inhabilitación de no sé cuantos años. Lo que quiere en el fondo de su corazón, es que no lo condenen, porque se quiere dedicar a eso, a la “política”, porque es lo único que “sabe hacer”.

Para El Diario Conquense (01/03/2017)

miércoles, 22 de febrero de 2017

Atados

            Vivimos constantemente atados. No nos damos cuenta, pero es así. Atados a todo: a los estudios, al deporte, a la fiesta, al reloj, a la rutina, a la tableta o al móvil. Évole hizo un programa de lo último, y ahora chavales de todas las edades ponen por las redes que ellos no tienen problema alguno con las redes, después de haber subido una foto a Instagram, un post en Facebook de que iban a estudiar, y de revisar el Twitter para ver algún chiste malo. Y en esas se había hecho la hora del descanso en el estudio, a la que también estamos atados, porque hay que hacerla siempre a las seis de la tarde.
            Y vivimos atados porque no sabemos ser libres. Entendemos el trabajo como una obligación y no como un hecho pasajero, o incluso de disfrute para quienes tienen la suerte de que les guste su trabajo. Pero a quien odie su trabajo, joder, que haga sus ocho horas y se largue. ¿Y luego qué? ¿Libertad? Nada de eso. Luego estamos atados a un reloj que nos dice que tenemos que ir corriendo a hacernos la comida porque son las tres de la tarde, aunque no tengas hambre porque has almorzado mucho. Y después un mensaje en el teléfono te dice que vayas corriendo a tomar un café con Luis y Andrea, que cómo no vas a venir tío, con lo que hace que no nos vemos, anda, venga, no seas muermo. Así que te plantas a las cinco y media de la tarde, después de tomar un café que no te apetecía, sin nada que hacer, aburrido, y te metes al Facebook a revisar el historial y a perder un poco el tiempo hasta que el reloj te ordene a las siete en punto que te cambies y te vayas al gimnasio. Y es que estamos atados a nuestras circunstancias y planificaciones por el mero hecho de que no sabemos ser libres.


Para El Deporte Conquense el 22/02/2017

martes, 14 de febrero de 2017

Análisis político de un ciudadano de a pie

            Este fin de semana hemos asistido a una batalla sin precedentes. No, qué va. Pero cuando han leído esa frase, esperaban que les contara algo de lo que no habían oído hablar, algo que les dejara boquiabiertos. Pues no, hablo de los Congresos de PODEMOS y PP. Pero estos Congresos solo son la exteriorización de lo que en verdad es una constante en política: una lucha de poder.
            Cuando los barones socialistas guillotinaron sin anestesia ni preaviso a Pedro Sánchez, no lo hicieron porque consideraran que no sería el mejor Secretario General para el partido, si no porque estaban convencidos de que chuparían más del bote si otro/a fuera el que moviera los hilos. Punto. Aquí no hay autoritarismo; hay interés puro y duro. Deseo de dinero y de control. Y si no recuerden a Hernando, al de las gafillas: “no es no. Jamás consentiremos un gobierno del PP”. Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros.
            Este fin de semana, la lucha de poder entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón no ha tenido nada destacable. Íñigo quería ascender, manejar algunos de los innumerables hilos que Pablito concentraba… y Pablito, que es más listo que las ratas colorás, ha llevado dichas pretensiones al sometimiento popular; a sabiendas, claro, de que no solo iba a ganar, sino que además iba a meter por goleada. Así las cosas, Íñigo acabará relegado en el olvido más antes que después, y Pablo se hace omnipotente a base de urnas. El autoritarismo partidista mejor planeado de la historia.
            Y en otra longitud de onda en la que nada tiene que ver con los partidos españoles, está el PP, que de vez en cuando hace Congresos para elegir al jefe, y siempre hay un único candidato. Unidad, unidad y unidad; y si a alguien no le parece bien, tendrá que llorar en su casa, pero no en público, porque somos uno. En este caso el autoritarismo no está impuesto, sino que está elegido; todos son cómplices de que el jefe sea jefe hasta que quiera dejar de serlo.






            Y ahora, sin que venga a cuento, dos o tres filas más abajo que el resto del artículo, se preguntarán por qué narices continúo escribiendo. Bueno, porque quería hablar de Ciudadanos plasmando en su más pura esencia lo que han representado al cambiar de “socialdemócratas” a “liberales progresistas”. Primero, porque no venía a cuento en la realidad política actual; segundo, porque un partido no es una cosa u otra porque sus dirigentes lo digan en un momento determinado, si no porque el tiempo así los ha hecho; por puro y verdadero convencimiento de sus votantes y dirigentes. Si en la política de hoy día se puede cambiar de traje en una reunión de un día, estamos ante un deterioro genético incurable, y con inminente peligro de muerte.

Artículo para El Deporte Conquense el 15/02/2017