Este fin de semana hemos asistido a
una batalla sin precedentes. No, qué va. Pero cuando han leído esa frase,
esperaban que les contara algo de lo que no habían oído hablar, algo que les
dejara boquiabiertos. Pues no, hablo de los Congresos de PODEMOS y PP. Pero
estos Congresos solo son la exteriorización de lo que en verdad es una
constante en política: una lucha de poder.
Cuando los barones socialistas
guillotinaron sin anestesia ni preaviso a Pedro Sánchez, no lo hicieron porque
consideraran que no sería el mejor Secretario General para el partido, si no
porque estaban convencidos de que chuparían más del bote si otro/a fuera el que
moviera los hilos. Punto. Aquí no hay autoritarismo; hay interés puro y duro.
Deseo de dinero y de control. Y si no recuerden a Hernando, al de las gafillas:
“no es no. Jamás consentiremos un gobierno del PP”. Estos son mis principios.
Si no le gustan, tengo otros.
Este fin de semana, la lucha de
poder entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón no ha tenido nada destacable. Íñigo
quería ascender, manejar algunos de los innumerables hilos que Pablito concentraba…
y Pablito, que es más listo que las ratas colorás,
ha llevado dichas pretensiones al sometimiento popular; a sabiendas, claro, de
que no solo iba a ganar, sino que además iba a meter por goleada. Así las
cosas, Íñigo acabará relegado en el olvido más antes que después, y Pablo se
hace omnipotente a base de urnas. El autoritarismo partidista mejor planeado de
la historia.
Y en otra longitud de onda en la que
nada tiene que ver con los partidos españoles, está el PP, que de vez en cuando
hace Congresos para elegir al jefe, y siempre hay un único candidato. Unidad,
unidad y unidad; y si a alguien no le parece bien, tendrá que llorar en su
casa, pero no en público, porque somos uno. En este caso el autoritarismo no
está impuesto, sino que está elegido; todos son cómplices de que el jefe sea
jefe hasta que quiera dejar de serlo.
Y ahora, sin que venga a cuento, dos
o tres filas más abajo que el resto del artículo, se preguntarán por qué
narices continúo escribiendo. Bueno, porque quería hablar de Ciudadanos
plasmando en su más pura esencia lo que han representado al cambiar de
“socialdemócratas” a “liberales progresistas”. Primero, porque no venía a
cuento en la realidad política actual; segundo, porque un partido no es una
cosa u otra porque sus dirigentes lo digan en un momento determinado, si no porque
el tiempo así los ha hecho; por puro y verdadero convencimiento de sus votantes
y dirigentes. Si en la política de hoy día se puede cambiar de traje en una
reunión de un día, estamos ante un deterioro genético incurable, y con
inminente peligro de muerte.
Artículo para El Deporte Conquense el 15/02/2017
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