miércoles, 25 de enero de 2017

No voy a hablar de Trump

            Estoy abrumado con la cantidad de vídeos que ruedan por internet sobre cómo la pifia Trump. Sobre cómo Melania le deja de sonreír cuando le da la espalda o sobre cómo Trump no sabe tratar a una mujer… pero hoy no voy a hablar de Donald Trump. Que se aguanten los americanos con lo que han votado, que aquí estamos todos igual. Voy a hablar de otro viejo elefante que tiene opinión para todo, salvo para lo que no la quiere tener.

            Aún lo recuerdo yendo a Venezuela a apoyar a la oposición de Maduro velando por la libertad del pueblo venezolano. Y también criticando a sus compañeros de partido; incluso a quienes se presentaban como candidatos a la Moncloa (en este caso, Pedro Sánchez). También lo recuerdo criticando el hacer de las instituciones públicas, de Ministerios, del “antes hacíamos política, ahora es telebasura”. Pero ahora que llega el frío al hogar del ciudadano, y que la facturación variable que tan alegremente nos vendieron como la nueva panacea tiene precio de diamante de los gordos, ahora no tiene opinión. Se ha callado. Está escondido en algún rincón de gasNatural, que, aunque abandonó hace un par de años, aún mantiene en un rinconcito de su corazón y de su cuenta bancaria. En fin, que Felipe González ya no sale en los telediarios; o por el que dirán o por amor propio. Y, ahora que lo pienso, a Aznar también se le ha comido la lengua el gato. Quizá los extremos se tocan, y a veces tanto que el roce hace el cariño.


Para El Deporte Conquense, el 25/01/2017

miércoles, 18 de enero de 2017

Periodismo Frankenstein

            Frankenstein es la palabra elegida para los periodistas en este curso 2016/2017. Bueno, en realidad creo que no fue esa, pero esta la utilizan bastante. Primero fue el “gobierno Frankenstein” que significaría la unión de PSOE, PODEMOS y los que vinieran. El PP la soltó, y los periodistas de medio pelo la recogieron como oro en paño y la repiten como papagayos cada cuatro noticias para que nos demos cuenta de lo malo que puede ser un gobierno de mucha gente, para que sepamos que es mejor un gobierno de pocos que nos dirija. Un despotismo ilustrado del siglo XXI, si lo quieren llamar así. En fin, mucho mejor que una diversidad que haría ingobernable un país.

            Ahora se empieza a escuchar aplicada a la financiación: “la financiación Frankenstein”. Y es que dio para mucho la Conferencia de Presidentes; esa de la que tan orgulloso está Rajoy porque llevaba sin convocar un porrón, y le ha gustado. Como experiencia, dice, positiva. En fin, que hay que reunificar la financiación, que hay que dar el mismo dinero a Valencia que a la Rioja, para que nadie se queje; no vaya a ser que debamos sentarnos a negociar como cualquier político de altos vuelos haría, y eso nos impidiera almorzar tranquilos en la cafetería del Congreso. Ya saben, cuando escuchen la palabra “Frankenstein”, os están intentando decir que eso es malo. Que está pegado con cola, cosido con grapas. Que no va a durar. Como su periodismo.

Publicado para El Deporte Conquense el 18/01/2017

martes, 10 de enero de 2017

Sin rastro de "las afueras"

            Andorra es un lugar curioso. Llevo aquí cinco días, y hace tres que no se ve mi coche en absoluto. Únicamente se distingue una gruesa y consistente capa de nieve. Lo de que los precios son muy bajos, es una leyenda urbana. Todo vale una pasta, salvo el vicio; pero comprarse unos guantes, un gorro, o un abrigo en una tierra andorrana, cuanto ni más unos esquís o unas botas, supone pedir un aval y rehipotecar tu casa. Andorra posee más de 60 lagos, su pico más alto se encuentra a 2.842 metros de altitud y las casas típicas andorranas se llaman “las Bordas”, que muchas están reconvertidas hoy día restaurantes.

            Pero lo que más me ha llamado la atención del Principado, es que no existen las afueras. Cuando sales de Cuenca por la carretera de Alcázar o por la de Valencia, hay un polígono industrial y algunos negocios. Se ve que son las afueras de Cuenca, lo presientes de algún modo. Aquí, por el contrario, el país está dividido en pequeños pueblos (Encamp, Canillo, El Tarter, o donde yo me encuentro, Pas de la Casa, colindante con Francia), que tienen perfectamente marcado un inicio y un final. Concretamente el hotel donde me hospedo, está a escasos 15 metros del final del pueblo, y a partir de ahí, todo es oscuridad. No hay un “a las afueras” de Pas de la Casa. La última tienda, y el último halo de luz de la misma, delimitan a la perfección un pueblo de montaña.


Artículo para El Deporte Conquense el 11/01/2017.

jueves, 5 de enero de 2017

Chusma

            Cerrar el tráfico a los vehículos en función de su número de matriculación, quizá sea la peor medida de un gobierno local (en este caso, el de Madrid) en mucho tiempo. Muy iluso hay que ser para pensar que por prohibir el tráfico la gente va a utilizar el transporte público, a coger la bicicleta o más sencillamente, a andar. Una ex representante de los ciudadanos madrileños, ha dicho muy claramente en los medios de televisión que “el Ayuntamiento me ha encerrado en casa porque todos los coches que tengo son pares”. Y cómo iba ir su Ilustrísima Esperanza Aguirre andando a algún lado, o en metro. ¿A cuánto estará de su casa la parada más cercana? ¿Tres minutos? No, el problema no es la distancia, su edad u ocupación. El problema es que es una clasista que no se puede juntar con la chusma a la que representa.

            Es probable que haya que hacer mejoras, como ya se hace en otras capitales europeas como Berlín o Roma: prohibir solo el tráfico a los coches que tengan más de 8 años (en lugar del número de matriculación), dejar gratuitos los servicios de transporte público los días que existan estas restricciones… Pero por muchas medidas que se tomen, no van a conseguir que la gente de la clase y envergadura de Esperanza Aguirre utilicen los transportes públicos. Ella solo se subirá en una bicicleta o cogerá el metro si hay cámaras delante. Porque para eso están, para hacerse fotos, no para dar ejemplo a los paletos que habitan sus ciudades.