Estoy abrumado con la cantidad de
vídeos que ruedan por internet sobre cómo la pifia Trump. Sobre cómo Melania le
deja de sonreír cuando le da la espalda o sobre cómo Trump no sabe tratar a una
mujer… pero hoy no voy a hablar de Donald Trump. Que se aguanten los americanos
con lo que han votado, que aquí estamos todos igual. Voy a hablar de otro viejo
elefante que tiene opinión para todo, salvo para lo que no la quiere tener.
Aún lo recuerdo yendo a Venezuela a
apoyar a la oposición de Maduro velando por la libertad del pueblo venezolano.
Y también criticando a sus compañeros de partido; incluso a quienes se
presentaban como candidatos a la Moncloa (en este caso, Pedro Sánchez). También
lo recuerdo criticando el hacer de las instituciones públicas, de Ministerios,
del “antes hacíamos política, ahora es
telebasura”. Pero ahora que llega el frío al hogar del ciudadano, y que la
facturación variable que tan alegremente nos vendieron como la nueva panacea tiene
precio de diamante de los gordos, ahora no tiene opinión. Se ha callado. Está escondido
en algún rincón de gasNatural, que, aunque abandonó hace un par de años, aún
mantiene en un rinconcito de su corazón y de su cuenta bancaria. En fin, que
Felipe González ya no sale en los telediarios; o por el que dirán o por amor propio.
Y, ahora que lo pienso, a Aznar también se le ha comido la lengua el gato.
Quizá los extremos se tocan, y a veces tanto que el roce hace el cariño.
Para El Deporte Conquense, el 25/01/2017