miércoles, 24 de mayo de 2017

Una amapola

            Ayer vi una amapola posada por la calle. No en un adoquín, si no en unos jardines. Pero no era una amapola cualquiera. No era la típica amapola que se ve en un balcón, regada dos veces al día y con 12 horas de sol. No. Era una amapola salvaje, callejera. No necesitaba a nadie ni a nada para sobrevivir. Vi cómo le quitaba el agua a un árbol cercano con sus raíces diminutas, y cómo evitaba a un pino para obtener algo de luz. Y ahí estaba ella: reluciente, bella, roja intensa, posada en la tierra.

            Estambres, pistilos, corola, cáliz. Óvulos. Se lo quitó todo y se desnudó ante mí. No es que tuviera mucha ropa, porque también antes se le veía prácticamente todo; pero vio como la observaba y me dio un festín. Estaba inmuta, perdida en sus pensamientos a sabiendas de ser observada. Inmensa, callejera y preciosa, desnuda ante su más fiel admirador, tomando el sol y robando agua. Sin necesidad de que nadie la regara. Sin deberle nada a nadie en su grandeza.

Para El Deporte Conquense el 24/05/2017

miércoles, 17 de mayo de 2017

Un mundo a hostias

            El mundo está a palos. El otro día el ciber ataque complicó la vida a medio mundo; al servicio sanitario inglés, por lo visto, lo tuvo dos días inoperativo. Y contentos tenían que estar los pacientes que no pudieron ser atendidos… Hace unas semanas (y probablemente ahora, pero no sale en la tele), los taxistas y los conductores de “Cabify”, a palos por los clientes. Que si te quemo el coche, que si bendita la gloria de tu madre, que si te amenazo, que si te saco de la carretera y nos damos de hostias… Unos, que quieren tener el monopolio del abuso en el transporte en todas las ciudades. Otros, que quieren aprovecharse de los recovecos legales y evitar tasas, impuestos, tarifas, cuotas… Eso, sin contar por supuesto las trifulcas, palos, patadas, puñetazos, reyertas, homicidios prudentes e imprudentes y vejaciones que hay a diario en cualquier rincón del planeta a cualquier hora del día. En los tiempos que corren, darse un beso es un acto de rebeldía.

            Y claro, el PSOE, que quiere ser el representante del pueblo español, no podía si no ganarse a su público, imitar a sus votantes. Una, que si eres un mierda y el problema eres tú Pedro. Otro, que si eres una vendida por regalar el gobierno al PP, Susana. Y mientras tanto, un vasco naufraga en su intento de conciliar a un partido roto por el interés. Allá, a lo lejos, en ese mar embravecido que se llama sociedad, hay un hombre que suplica porque dejemos de darnos de hostias.


Para El Deporte Conquense, el 17/05/2017

miércoles, 10 de mayo de 2017

Perspectivas

            Depende a quién le preguntes, Macron es un presidente u otro. Fue elegido ayer como quien dice, pero ya hay varias versiones de la misma persona. Si le preguntas a los de “la formación morada”, te dirán que no es el peor que podía haber salido, pero que fue un banquero. Como si los banqueros estuvieran genéticamente programados para ser antidemocráticos, populistas, malos gestores, etc. Otros en cambio te dirán que Macron es demasiado joven. Que no hay quien pueda dirigir bien un país con tan solo 39 años. Y es verdad; es mejor tener a uno de 62, que aunque no se moje en ningún conflicto de Estado, queda de puta madre un tío “experimentado” en la tele.

            En cambio, todos sabemos (por unas cadenas u otras) que su mujer le saca un porrón de años y que era su profesora. Y a todos nos escandaliza un poco, porque en el fondo es el hombre el que debe ser un poco mayor que la mujer. O un huevo, en el caso de Mr. Trump o de Mr. Mejide, que ambos les sacan un pico de años a sus contrarias, y nadie dice nada. Es más, apenas sale como noticia en televisión; por tanto, el mero hecho de que una cadena, en un momento y circunstancias determinadas, cite el hecho de que Macron es más joven que su mujer, ya da que pensar. Huele a rancio. A convencionalismos del siglo XX y a las mujeres a la cocina. Esperemos que Macron apague todas las llamadas incendiadas por sus detractores y demuestre que ni la edad, ni su mujer ni su ex profesión tienen por qué marcar un buen gobierno.

Para El Deporte Conquense el 10/05/2017

miércoles, 3 de mayo de 2017

Justicia poética en el bullying

            El otro día vi, por quinta o sexta vez, el vídeo de un chaval de no más de 13 años estampando a otro contra el suelo. Lo levantó por la cintura, y lo empotró en el asfalto. Nuestra cabeza nos lleva a pensar que menudo desgraciado, que hay que meterlo en un reformatorio, o meterle un  par de guantazos.  Pero menos mal que no somos jueces, y que los jueces suelen hacer bien su trabajo. Metieron en un reformatorio al otro.
            El vídeo estaba recortado. El chico enorme de 13 años era “el gordito” de la clase. Y el chico al que estampan en el suelo llevaba dos cursos enteros haciéndole la vida imposible. Pegándole chicles en el pelo, pegándole puñetazos y patadas, rompiéndole la ropa… Hasta que un día, “el gordito”, se cansó de ser el hazmerreír de la clase. Cogió a su miedo por la cintura y ejerció la más bella justicia poética que puede existir. Nadie se ha vuelto a meter con él.

            Por supuesto, sé que pensáis que “como vas a decir esto en público hombre”, “la violencia no se resuelve con violencia”, y todas esas chorradas. Pero ahora meteros en la piel de los padres cuyos chavales se han suicidado por recibir acoso, las decenas y decenas de chicos que han acabado con sus vidas por ello. Y pensad que uno, “el gordito”, ha dado una lección de que la fuerza no es solo aguantar los golpes, si no acabar con tus miedos cuando nadie más puede ayudarte.

Para El Deporte Conquense el 3 de mayo de 2017

Los tiempos siempre cambian

            Es curioso, pero siempre son otros tiempos. Mi padre me contaba que, cuando era joven, desayunaba un cola cao con galletas o con magdalenas, y se iba corriendo a la escuela con su hermano. Un pasado en blanco y negro, lleno de sonrisas de niño pequeño. Más tarde, en la Facultad, iría a clase en bicicleta, cargado de libros, para encontrarse con sus compañeros a las puertas de la Universidad. Por supuesto, mi abuelo ni si quiera tendría esas posibilidades. Si no recuerdo mal, él aprendió un oficio, que se decía antes, y trabajó en ello hasta que se jubiló. Los antiguos gremios que se llamaban (y que por supuesto, están al borde de la desaparición). Así que yo me lo imagino correteando por las calles de una Cuenca medio en ruinas a causa de los estallidos de la guerra civil, yendo a su lugar de trabajo donde aprendería el oficio que le alimentaría durante años.
            Ahora, en cambio, son otros tiempos. La gente ya no corre ni monta en bici. Todo el mundo se mueve en coche, aunque el lugar al que te desplaces esté a 10 minutos andando. Ya no hay cola caos con magdalenas; hay tostadas integrales y café sin cafeína. Y aquí me veis a mí, levantándome tan temprano como mis fuerzas me dejan, tomándome el café más cargado de lo que debiera y escuchando unas noticias donde el factor común es que están investigando, acusando o enchironando a alguien del PP. Entre tanto, a quienes investigan y acusan nos dicen  que son casos aislados, que nada tiene que ver con una estafa de escala, y que quien diga lo contrario solo busca perjudicar a las instituciones. Yo, en el coche, con la radio de fondo y camino a la Universidad, no puedo parar de pensar que quienes perjudican gravemente la salud de las instituciones, son ellos.


Para El Deporte Conquense el 26 de abril de 2017