Depende a quién le preguntes, Macron
es un presidente u otro. Fue elegido ayer como quien dice, pero ya hay varias
versiones de la misma persona. Si le preguntas a los de “la formación morada”, te dirán que no es el peor que podía haber
salido, pero que fue un banquero. Como si los banqueros estuvieran
genéticamente programados para ser antidemocráticos, populistas, malos gestores,
etc. Otros en cambio te dirán que Macron es demasiado joven. Que no hay quien
pueda dirigir bien un país con tan solo 39 años. Y es verdad; es mejor tener a
uno de 62, que aunque no se moje en ningún conflicto de Estado, queda de puta
madre un tío “experimentado” en la tele.
En cambio, todos sabemos (por unas
cadenas u otras) que su mujer le saca un porrón de años y que era su profesora.
Y a todos nos escandaliza un poco, porque en el fondo es el hombre el que debe
ser un poco mayor que la mujer. O un huevo, en el caso de Mr. Trump o de Mr.
Mejide, que ambos les sacan un pico de años a sus contrarias, y nadie dice
nada. Es más, apenas sale como noticia en televisión; por tanto, el mero hecho
de que una cadena, en un momento y circunstancias determinadas, cite el hecho
de que Macron es más joven que su mujer, ya da que pensar. Huele a rancio. A
convencionalismos del siglo XX y a las mujeres a la cocina. Esperemos que
Macron apague todas las llamadas incendiadas por sus detractores y demuestre
que ni la edad, ni su mujer ni su ex profesión tienen por qué marcar un buen
gobierno.
Para El Deporte Conquense el 10/05/2017
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