No nos dimos cuenta de las
provocaciones, y caímos como tontos. El niño que le dice a un amigo “no hay
huevos”, y saltamos por la ventana. Por torpes. El presidente catalán nos echó
un pulsó, que iba a hacer un referéndum, que iba a hacer un referéndum, y en a
ver quien mandaba más, Rajoy decía que no y que no. Y a palos. Pero cada vez
estoy más convencido de que eso es precisamente lo que quería. El mismo 1 de
octubre a las diez de la noche, no estaba dolido, ni molesto, ni ofendido.
Estaba feliz. Y feliz, afirmaba, “nos hemos ganado el derecho a decidir sobre
nuestro futuro”. Rajoy, has picado.
¿Qué tan difícil era ignorar sus
amenazas como si, sencillamente, no existieran? Pero teníamos que demostrar
“quién manda aquí”. Yo no era muy consciente de qué había que hacer, lo
reconozco, pero por eso precisamente no soy el Presidente del Gobierno español.
Creo que, este al que cito, debería haber jugado más al Risk de joven y haber tenido una estrategia un poco más
inteligente. Ya no hay marcha atrás. La sociedad catalana está rota, y rota se
mantendrá si no estalla antes. En mi opinión, ahora solo hay un camino: el
referéndum pactado; y hacer toda la campaña posible por el “no”. Tal vez me
equivoque, no soy político, pero no encuentro más soluciones después de lo
torpes que hemos sido. En fin… la torpeza humana desde luego, no solo llega a
límites insospechados, si no que te la encuentras donde menos te la esperas.
Artículo para El Deporte Conquese, el 4 de octubre de 2017
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