Siempre ha habido clases. Con mayor o menor poder
adquisitivo, con más o menos facilidades en la vida, con más o menos esfuerzo
para salir adelante… pero siempre hubo clases.
No obstante, hay una clase a la que cada vez pertenece más gente, donde
cada vez hay más adeptos y más incondicionales. La de ser idiota. Idiotas por
pensar que un hospital nuevo va a suponer una mejora en la sanidad o que va a
generar riqueza; o con lo que lo defienda el Gobierno regional, vaya uno a
saber. Desde luego, lo único que va a generar va a ser un edificio ruinoso y
deshabitado en uno de los puntos más activos de Cuenca, ya que el Virgen de la
Luz se encuentra al lado de la Universidad, el campo de fútbol (que esto es
para echar de comer aparte), “las Pepas”, el Alcampo, etc. Otra ruina
innecesaria más.
Pero como en este país, lo único que premia es “haber
hecho algo”, pues algo hay que hacer para pasar
a la historia. Franco inauguraba pantanos. Y nosotros vamos a inaugurar un
hospital que no necesitamos, que está peor situado para la sociedad conquense
que el que ya tenemos, que no va a suponer una mejora en absoluto notable de la
sanidad, que no va a disminuir las listas de espera, etc. Pero ahí está, un
nuevo titular: el Gobierno de Page saca el nuevo hospital de Cuenca adelante;
el proyecto continúa; Cuenca crece. Pues no… Todo lo que tenemos es un hospital
allá, donde Cristo perdió el gorro y un nuevo edificio abandonado.
Artículo publicado el 15 de diciembre de 2017 en El Deporte Conquense
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