Es muy difícil ser cuerdo,
fundamentalmente porque es más fácil hacerse el loco. Era evidente que la
Justicia belga no iba a condenar a prisión provisional a Carles Puigdemont; de
lo contrario, sí que sería un régimen autoritario, pero de los de verdad. ¿Por
qué lo iba a encarcelar? Se ha presentado voluntariamente en Bélgica, y
voluntariamente ante la Justicia, les ha echado flores en todos los medios de
comunicación, ha sido colaborador en su defensa y en su acusación, y desde Bélgica
parece imposible la destrucción de unas pruebas que, en todo caso, se
encontrarían en Cataluña. Prácticamente igual que Santi Vila en España, el ex conseller iluminado que “el Estado
salva para que retome la situación en Cataluña”. Recuerdo que, si Rajoy fuera
tan listo, no hubiera perdido tres elecciones seguidas.
Pero la izquierda absurda (no
radical, porque lo que aquí presento es una idea absurda, no radical) defenderá
a capa y espada lo que el independentismo está defendiendo a capa y espada: que
los ex consellers en España están en
la cárcel, y Puigdemont en Bélgica está de café, porque España es una dictadura
y Bélgica es una democracia avanzada. Y todos ven eso, lo que envuelve el
regalo. Pero nadie ve que, en el fondo, cada uno tiene lo que se merece. Que
Junqueras, como el resto de ex consellers
de la Generalitat (excepto Santi Vila, que hizo lo que el resto debería de
haber hecho), está en prisión porque no respondió al Ministerio Fiscal, ni al
Juez, ni apenas a su abogado defensor; no juró la Constitución y no prometió no
volver a delinquir.
Por supuesto, el otro gran discurso
es que ay, si se hubieran dado tanta
prisa para la Gürtel y los Bárcenas. Seguramente, si se hubieran dado tanta
prisa, la hubieran cagado en la captación de pruebas (además bien cagado), y
ahora no se podría acusar a ninguno de los culpables. Porque hay que entender
que es más fácil encausar a 10 o 15 tipos (sin muchas luces por lo que
demuestran) por la comisión de varios delitos públicos a los que, además, se
les han dado publicidad desde todas las instituciones catalanas; que desgranar
toda una torre de corruptelas durante décadas donde participaban miles de
personas, se beneficiaban otras miles, y pudrían paulatina pero
ininterrumpidamente un partido político. Eso, para hacerlo bien, lleva su
tiempo. Aunque nos moleste.
Es normal que los políticos intenten
engañar a la gente. “Somos presos políticos”, “estamos aquí
injustificadamente”. Lo que no entiendo es cómo la gente se ha dejado engañar
durante tanto tiempo, tan profundamente. Cómo ahora hay gente que defiende que
en España hay que tener una República Federal a la alemana, ¡lo que yo defiendo sobre todas las cosas¡ Pero,
sucede que a veces, la gente no sabe lo que dice. Sucede, que eso implicaría
que por fin, Extremadura o Castilla–la Mancha, y Cataluña o País Vasco,
tendrían exactamente (repito: exactamente) los mismos derechos y obligaciones…
Porque Bremen y Baviera tienen las mismas competencias, potestades de decisión,
poder, etc; y el primero tiene 550.000 habitantes y el segundo casi 13
millones. ¿Admitirían eso los catalanes? ¿Y los vascos? Nos engañan a diario y
nosotros no hacemos más que tragar información, sin ni si quiera consultar la
fuente, la veracidad, o al menos la absurdez de lo que nos cuentan.
Aunque el verdadero problema está en
que cada vez es más acusada la brecha social que están creando. Cada vez se
está poniendo más en duda el sistema judicial español; que sin ser el mejor del
mundo –o sí, vaya usted a saber- es un sistema judicial ecuánime y objetivo.
Cada vez se están cargando más y más un país a causa de su xenofobia. Y esa
xenofobia asquerosa, rancia y sin fundamento, se la están pegando al resto de
la nación, sin que ni si quiera lo sepan.
Artículo para El Deporte Conquense, publicado el 8 de noviembre de 2017
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