Tal día como ayer, escuché en un
noticiero de la televisión española, al cual no voy a dar publicidad, que una
Sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos permitía a las empresas
privadas despedir a sujetos por “motivos religiosos”. Este era el titular,
letra Arial 20 y negrita. Más abajo, en Arial 11,
explicaban que la sentencia venía a decir algo así como que, si en los
estatutos de la empresa se prohibía la exhibición de símbolos religiosos, no se
consideraría discriminatorio su despido. Y finalmente y de carrerilla, lo decía
la presentadora, que lo dejaba caer con un retintín de que el Tribunal daba una
de cal y otra de arena. Que era solo un poco fascista.
Y a mí se me vino a la cabeza mi
escuela. Más concretamente, la pared donde lucía una pizarra verde de
dimensiones desproporcionadas. En esa pared, había también una cruz. Cruz que,
por otro lado, un ciudadano de un país europeo criticaba porque no debían exhibirse
en lugares públicos símbolos religiosos que pudieran ofender a su religión. Y
se le dio la razón. ¿Qué pasa? ¿Ahora van a tener mayor protección los
religiosos musulmanes que los cristianos? Me espanta una escuela donde las
paredes luzcan cruces y las profesoras hiyab.
España, como país aconfesional que su Constitución promulga, no puede
permitirse que las religiones se impongan en la vida pública. Si quieres creer
en un Dios, el Estado deberá proteger tu derecho de libertad religiosa. Ahora,
como dice el famoso refrán español, cada
uno en su casa (pero no Dios en la de todos).
Para El Diario Conquense el 15/03/2017
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