Un amigo mío el otro día me corrigió
en una conversación cuando le dije que François Marie Arouet (más conocido como
Voltaire), pronunció, en algún momento de su vida, una máxima que hoy día trato
como pilar en mi vida: “Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé
hasta la muerte tu derecho a decirlo”. Un Derecho Fundamental como la libertad
de expresión, en una sola frase; y qué frase. Bueno, pues imagínense mi cara de
decepción cuando, tras años atribuyendo esa frase a un escritor, historiador, abogado, etc, de
la talla de uno de los grandes de la historia, resulta que no. Que la frase es
únicamente de una biógrafa que relató su vida, y que esa frase era lo que mejor
le representaba. La susodicha se llama Evelyn Beatrice Hall, quien publicó en
1906 la biografía de Voltaire con el nombre “Los amigos de Voltarie” (y bajo el
pseudónimo, claro, de Stephen G. Tallentyre).
Pues más o menos la misma decepción
me llevé cuando apareció lo del autobús de “los niños tienen pito” por Madrid.
A pesar de lo detestables que puedan ser sus ideas (con las que jamás estaré de
acuerdo, dicho sea de paso), me parece un dislate que se haya paralizado y que
se trate de enjuiciar por un “delito de odio”. ¿Odio de qué? ¿Qué odio suponen
tres frases en un autobús? Si esas tres frases versaran: “Muerte a la
transexualidad”, entendido, a Juicio. Pero, ¿por eso? No solo me parece un dislate, me parece aberrante,
preocupante hasta cotas insospechadas. Que el Estado empiece a tener ciertos
tiznes morales quizá sea lo peor que nos pueda pasar. ¿Y si hubiera sido al
revés? ¿Y si el autobús que se hubiera paralizado en pleno Madrid fuera uno
pro-LGTB? ¿Entonces el Estado sería un fascista opresor? En mi opinión, y por
ello así se clasifica en este periódico, es indignante que se detenga un
autobús que trata de defender unas ideas legítimas (y sobre todo) no ofensivas por
el territorio nacional. Que estemos más o menos de acuerdo con ellas, es una
cosa; que haya que paralizarlo, es una aberración cometida por un Estado de
Derecho que, cada vez es menos de Derecho, y más de corrientes de opinión;
corrientes que, sin duda, se deben quedar aquí, en los periódicos, en los
bares, en las calles, no en los Tribunales ni en los Parlamentos.
Para El Diario Conquense, el 02/03/2017
Para El Diario Conquense, el 02/03/2017
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