Acarició
el lomo brillante del gato que estaba en su cama, hecho un ovillo. Emitía tanta
paz… El café le sabía fantástico aquella mañana, e incluso el humo de su
cigarrillo completaba una parte de ella que hasta entonces no sabía que
estuviera incompleta.
Al
salir a la calle el sol la bañaba en luz, lo que le impidió ver durante un
rato. Al ponerse las gafas, pensó que solo la más pura y absoluta oscuridad,
era tan cegadora como los rayos de luz más intensos. Y por fin llegó, donde
todas las mañanas llegaba, a la primera puerta del segundo vagón del metro,
contando desde el vagón del conductor. Aquel día el trabajo estaba más apagado.
Un pasillo eterno hasta su despacho simbolizaba la pereza absoluta con la que despacharía
su labor diaria. Con lo bien que iba todo. Papeles, más papeles, correos y
cartas, órdenes y cafés con los clientes, y un seguro, y un cigarrillo que
estoy hasta las narices, y, y. Y entonces entró él, un tipo serio, pero con un
no sé qué en la cara que le generaba un atractivo espectacular. Estaba
perfectamente afeitado, con el pelo un poco largo, lo suficiente como para
echárselo para atrás, pero no lo bastante como para parecer un adorador de la
música rock. Llevaba una camisa azul clara arremangada, unos vaqueros también
claros y unos zapatos marrones. Aquel sí era un caballero, y no los muchachos
que solía ver por la calle con el pantalón arremangado.
- - ¿Podría usted atenderme?
- - Sí, claro. Dígame, ¿qué desea?
- - Cancelar mi seguro del coche. Otra compañía me ofrece los mismos servicios por algo más de la mitad de precio.
- - Este no es el procedimiento habitual, porque no está así estipulado en el contrato, pero…
- - Ni procedimientos ni leches. Estoy hasta las pelotas de ustedes, harto. Me suben el precio, se extralimitan con la domiciliación, ¡e incluso se inventan partes¡ ¿Y para reorganizar todo eso después? Calle, que estoy hasta no sabe nadie donde. Cancéleme de inmediato el seguro o les llevaré a los tribunales.
Tina
no sabía si mandarlo a la mierda o mantener un tono suave y desenfadado. Sí es
verdad que sus jefes eran unos desgraciados que solo buscaban el dinero fácil y
en las cantidades más grandes que se pudieran permitir, pero él no estaba
actuando con las formas adecuadas. “De acuerdo, veré qué puedo hacer”, suspiró
Tina con la decepción propia de quien acaba de ser engañada por su pareja.
Tras
aquel día de trabajo tan largo, duro, y decepcionante, vio a su precioso gatito
tras abrir la puerta de su casa, y su forma de frotarse entre sus piernas. Se
tumbó en el sofá después de cenar mientras veía una película, y pensó que el
amor es como la luz. Demasiado poco, como se encontraba ella en aquel momento,
te ciega y te hace ver príncipes azules donde en verdad hay piratas de barba
sucia. Demasiado, te ciega tanto, que no te permite ver la suciedad de los
trajes que visten los príncipes tras montar a caballo.
16/09/2016
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