domingo, 11 de septiembre de 2016

Divina juventud

            Allí estaba ella, sentada en el vagón del metro, cinco o seis asientos más adelantada que él. Por un momento volvió a la juventud. A las litronas en el parque, a las gorras de clase, a las noches de borrachera hasta las tantas de la mañana. Volvieron aquellos libros de Camus, aquellos poemas de la pluma de un joven que jamás saldrían a la luz, aquellos ojos verdes que se clavaban en el alma como el rocío se enquista en la rosa.
            Empezó a sudar y a ponerse nervioso, tenía que acercarse a decirle algo, pero después de tantos años, ¿qué? ¿Qué decirle? Da igual, lo que sea. Se armó de valor, cogió su maletín y se levantó.

            Algunos segundos más tarde, más viejo, más cansado y más enfermo, volvió a su asiento tras un “lo siento, se ha equivocado”.

11/09/2016

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