sábado, 10 de septiembre de 2016

Feliz en las manos del ladrón

            Era consciente de que en cualquier otra época, de haberle pillado, le habrían arrancado la mano de un hachazo; en otra le habrían flagelado, y en otra le habrían hecho pagar una cantidad ingente de dinero a plazos, por las molestias causadas al tendero. Y sin pensarlo corrió, corrió como jamás verías correr a nadie, con el corazón latiendo a toda prisa, y con el vendedor detrás de él al ritmo de “¡hijo puta, me las vas a pagar!”. Pero yo, que lo veía todo desde afuera, no podía hacer nada. Tampoco quería. Estoy convencido de que lo que llevaba en las manos estaría feliz de estar ahí si tuviera sentimientos.

            Ningún libro está más feliz en ninguna otra parte que en la mochila de quien le mete a escondidas, sin que nadie se dé cuenta, por no tener dinero para pagarlo.

10/09/2016

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