lunes, 26 de septiembre de 2016

La primavera en el centro de la barbarie

            Su boca parecía una auténtica tabla de madera, no conseguía enfocar con precisión la mirada, y una especie de trozo de hierro se introducía en su brazo, como si de otro brazo adherido a él se tratara. No encontraba su mano, no estaba donde debería estar, y casi se desmayó. Cuando la enfermera entró corriendo a sedarle, se lo contó: “ha sido usted víctima de un atentado terrorista. Un proyectil atravesó su mano pero está a salvo y se pondrá bien, tranquilo”. Entonces, el miedo invadió su cuerpo y comenzó a recordar cosas. Sangre, niños llorando, cristales rotos, brazos amputados, ojos abiertos sin vida y muertos, y más muertos, y un hombre explotando a menos de quinientos metros de él mientras voceaba… hasta que descubrió a su esposa durmiendo en la otra cama. Estaba tranquila, viva, con rasguños superficiales, mientras a él se le cerraban los ojos paulatina pero continuadamente por la medicación. La primavera en el centro de la barbarie.

26/09/2016

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