Desde
hace meses
con
inusitada frecuencia
no
me deja el cartero cartas tuyas.
Quizás
el pobre hombre
las
haya abandonado
en
un rincón de su piso,
en
algún hueco de su cajón amargo en el trabajo.
Quizá,
cuando iba a traerla,
se
le perdió el acuse de recibo;
y
claro,
es
bien sabido,
que
mi recepción, para ti,
es
muy importante.
Quizá
se le haya olvidado en el archivo
donde
se olvidan las cartas
que
nunca se escriben,
o
quizá seas tú, Dios no lo quiera,
que
te has olvidado de mí.
20/10/2016
No hay comentarios:
Publicar un comentario