Una semana después sigo eufórico. No
voy voceando por la calle, es una euforia interna, casi metafórica, pero
euforia al fin y al cabo. Hemos ganado dos batallas en un único combate. La
primera, contra el estereotipo del arte, La
Academia que decía Cortázar. No toda la literatura es pomposa, ni
rimbombante, ni habla sobre los pasos que dio Ulises de vuelta a casa. La
literatura, el arte, es todo; la vida misma. Una mariposa en un momento
determinado o un café en cualquier bar de carretera. Todo puede ser poesía.
La segunda batalla ganada, y no por
ello menos importante, la música. Y no digo cualquier música de una noche de
discotecas, de los equipos de mezcla y de los ecualizadores de voz. No. La
música de verdad. La que compone un artista, entre cuatro paredes blancas. Un
único hombre ante una guitarra y mucho papel. La música. El arte. Desde hace
una semana y hasta el año que viene, podemos decir que la literatura es la
máxima expresión del ser humano, con sus filias, sus miedos, sus amores, sus
fobias, sus historias de amor inacabadas, su paseo en la mañana. Desde hace una
semana y hasta el año que viene, veremos literatura por todos los rincones, en
la calle, en un artículo periodístico, en un ring de boxeo, en una esquina
esperando el autobús o en una canción.
Felicidades, pero sobre todo
gracias. Gracias por darnos un Nobel a la gente de a pie, Bob.
Para
El Deporte Conquense, publicado el 18/10/16 a las 10.45
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