martes, 8 de noviembre de 2016

Doce hermanos y un dolor de pierna

            Todo empieza por los típicos “¿por qué siempre me tiene que pasar todo a mí?”;  “estoy hasta los huevos. ¡No vuelvo a jugar en lo que me resta de vida!”. Más tarde, se diluye en tu mente un “pff, ¿cuándo podré volver a jugar…?”. Luego vuelves a la vida real, y vuelves a los exabruptos. “¿Por qué yo, joder?”; “¡a la mierda todo ya!”. Finalmente, te quedas tranquilo. Relajado. El médico te ha dicho que ha salido todo bien, que no va a pasar nada grave y que en unos meses volverás a ser tú, toda tu esencia. Podrás caminar, saltar, ir a trabajar, salir a tomar unas copas con los amigos, a ver un partido. Podrás correr hasta que tu lengua suplique agua para no parecer el felpudo de una casa polvorienta.

            Lo sé porque he pasado por esa situación decenas de veces, la última y sin ir más lejos, hace un par de semanas cuando me rasgaron el párpado. Y es que este fin de semana, un hermano (de doce que somos en el equipo) ha tenido una de las lesiones más duras, impactantes y dolorosas que existen en el deporte: fractura abierta de tibia y peroné. Parece evidente que, a expensas de un milagro médico, esta temporada solo nos pueda seguir desde la grada. En cualquier caso seguirá siendo nuestro compañero y jugará todos y cada uno de los partidos que disputemos. En fin, Álex, no te castigues demasiado y recupérate rápido amigo. Nos quedan muchos partidos, y en todos nos dolerá un poco la pierna.


Para El Deporte Conquense, 08/11/2016

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