miércoles, 28 de febrero de 2018

Tu derecho a decirlo

        Quisiera poder quemar una bandera sin temor alguno. Romperla a cachos, espachurrarla. Quisiera insultar abiertamente a los que nos gobiernan, y denunciar todo aquello que hagan que sea ilegal, inmoral o éticamente reprobable. Quisiera que todos aquellos herejes (del griego Hairetikós, “el que es libre de elegir”) que estén en desacuerdo con el Estado de Derecho, con el capitalismo, con la Iglesia, con la religión, o incluso con la libertad, lo pudieran decir en voz alta, vocearlo sin preocuparse de qué dirán.

            Quisiera que todos aquellos que estén en contra del maltrato animal y los que estén a favor de los toros pudieran decirlo sin tirarse piedras. Que quienes estén en contra de la homofobia y de la homosexualidad, de la Monarquía y de la República, de uno u otro himno, de todas las banderas o de ninguna de ellas… pudieran decirlo abiertamente, destrozar su garganta sin que alguien se ofenda entre medias. Porque en la era de lo políticamente correcto falta gente de verdad que diga lo que piense y que esté dispuesto a pagar el precio de sus palabras escuchando las de otros. Porque un renovado Voltaire de este siglo (o Beatrice Hall, su biógrafa, aunque no seré tiquismiquis en la autoría) vuelva y diga mientras escuchamos atentos “no estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”. Claro que, estaríamos con los cascos de música puestos, o en alguna red social. Y no entenderíamos nada, como siempre.


Artículo para El Deporte Conquense el 28 de febrero de 2018

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