Un día mi padre me dijo que tenía
que probar lo de ser actor. Imagino que no es por mi alma genéticamente
preparada para la interpretación (ningún antecesor mío se ha dedicado a eso, que
yo sepa), ni por mi labia o desparpajo. Lo dirá imagino, por ser un caras, un
poco pintas, y por poder poner casi a la perfección la voz de quien dobla a
Robert de Niro cuando dice Abogado…
De hecho, algún amigo mío me lo ha repetido con el tiempo, que dedicarme a la
interpretación sería una buena salida para mí, y el caso es que no me
importaría probarlo. Vergüenza no tengo y oye, no sería la primera vez que
hiciera el ridículo. Además, como todo buen actor, tendría mi padrino. Unos escogen a Ricardo Darín,
otros a Morgan Freeman… Yo escogería a Anna Gabriel.
Lo de Anna Gabriel ha sido la bomba,
ha sido un papelón. Todos sabemos que está interpretando un papel, lo que no
sabemos es cuál. No sabemos si en España interpretaba el papel de roja
revolucionaria por la libertad catalana, o ahora está interpretando el de niña
buena y tranquila que no quiere que papá la castigue por haber roto un plato en
la comida. Brillante. Creo que es la mejor interpretación que ha habido en los
últimos años y por eso la he escogido a ella de madrina. Y no me tachen de loco, debo pensar que es actriz. Porque
si fuera profesora de Derecho como asegura, no puedo creer que sea tan
ignorante e insensata. Si fuera política, no podría ser tan bipolar,
renunciando a sus valores a la primera de cambio (que no está en Cuba; está en
Suiza). Así que me veo obligado a creer que es actriz, porque de lo contrario,
me vería obligado a pensar que es una hija de puta taimada y fría que se ha
reído de media España. En fin, espero que la veamos pronto en los Goya.
Artículo para El Deporte Conquense el 21 de febrero de 2018
No hay comentarios:
Publicar un comentario