El señor Margallo, y por supuesto,
toda la recua del PP, están detrás de Gibraltar. Buscando por todos los
rincones algún resquicio legal que les otorgue jurisdicción o alguna
posibilidad de posesión sobre el pedrusco del estrecho. No importa cuánto haya
que desbaratar la igualdad entre Comunidades Autónomas por conseguir la
cosoberanía de esa piedra; no importa otorgarle beneficios fiscales, exenciones
impositivas, y todo lo que un jurista de pro fuera capaz de citar para que
nadie entendiera nada, salvo que serán los reyes de España (sin querer ser
españoles). Nadie se va a enterar. A nadie le saltan las alarmas cuando, lo que
más le preocupa al Gobierno en relación con el “Brexit”, es tratar de pillar
cacho por una piedra en mitad del mar; igual que cuando asaltamos gloriosa y
eficazmente la Isla Perejil, perturbando la paz y el descanso de una veintena
de cabras y una señora que les miraba tranquilamente. Y que nadie sabía qué
cojones pintaba en una isla deshabitada.
En cambio, todo el mundo se levanta
en armas, quema twitter y revienta facebook, porque Ramón Espinar se ha tomado
una coca-cola. Noticia en todos los telediarios de la mañana y especial en
Espejo Público en Antena 3. No solo destapó la coca-cola para bebérsela en la
comida. Destapó el tapón de imbéciles sensacionalistas de la prensa en España
con la que poder morder a alguien, cargárselo de forma miserable, por tener un
titular en su programación.
Para El Deporte Conquense, el 05/04/2017
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