Cada vez estamos más acostumbrados a
tragarnos todo lo que nos digan en los telediarios. No nos paramos a pensar qué
es real y qué no, o que puede ser cierto dentro de toda la información que
consumimos. La tragamos como los buzones ingieren las cartas, sin filtro y sin
mesura. Y ocurre que a veces nos atragantamos, y no es para menos. Por ejemplo,
cuando vemos a Espinar pidiendo una coca cola en el Senado, o una mariscada en
un bar. No es que tenga nada de malo, y es hasta perjudicial que los medios de
comunicación se centren más en eso que en la corrupción a gran escala del PP en
la gürtel, por ejemplo. Pero es que Podemos, y entre ellos particularmente
Espinar, han hecho que “la gente de la calle” –como ellos llaman al “pueblo”
del siglo XIX- veamos de ricos que alguien se coma una mariscada. Han hecho que
lo relevante sea el alimento en sí, en lugar de quién lo paga: si el político
con el dinero del contribuyente o con su salario mensual (que al fin y al cabo,
es lo único relevante y que debiera ser noticia).
Así que ahora tenemos a Podemos como
un partido-víctima, porque se le ataca constantemente entre las coca-colas que
se toman y las mariscadas que se meten, y todo porque ellos mismos han colaborado
en la idiotización del ciudadano, en esa tergiversación de la información.
Además, claro, de toda la infamia que nos tragamos como buzones porque es más
cómodo que pensar en si es posible que sea cierto o no, o la relevancia real de
lo que estamos oyendo.
Para El Deporte Conquense, el 19/04/2017
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