Mi madre ha estado de viaje, y por
lo poco que sé, se lo ha pasado piruleta. A su vuelta yo no estaba en casa,
pero mi perro sí, y un vídeo demuestra cómo nos aprecian los animales. Cómo nos
echan de menos, cómo nos saludan, cómo brincan al vernos, cómo nos quieren con
todas las letras. El vídeo dura un minuto, pero se corta. Fácilmente pudo estar
tres, cuatro, cinco, o hasta que mi pobre madre se lo tuviera que quitar de
encima por necesidad. En cambio, algunos (algunos genérico, porque no sé cómo
calificarlos; ni en qué sexo, ni en qué especie) demuestran su amor de manera
diferente. No sé, clavándoles espadas, torturándolos, o disparando desde la
distancia.
Si tu amor por los animales lo
demuestras clavándoles una espada de medio metro, cazándolos, o despeñándolos
por un barranco como hemos visto este fin de semana en diferentes medios,
dispárate en las pelotas y quiérete más a ti mismo. Lo sé, hoy me he levantado
muy revertiano, pero quien dice “es
que vosotros no lo entendéis” hace que se me acelere el corazón; y no de
cariño, precisamente. Algún día se acabará esta lacra, este sin sentido. O no.
Al fin y al cabo, somos idiotas.
Artículo para El Deporte Conquense el 21 de noviembre de 2018
No hay comentarios:
Publicar un comentario